CONCEPTOS

Algunas nociones para pensar una escuela diversa

Multiculturalidad

Este concepto hace referencia a una situación de hecho en la que coexisten, en un mismo espacio, personas de diferentes etnias, nacionalidades, lenguas, creencias, etc.

Evidentemente existe una tensión entre una comprensión amplia del concepto de cultura (que implica, entre otros aspectos, que se hace difícil determinar dónde termina una cultura y comienza la otra) y el uso de conceptos como multiculturalidad e interculturalidad, a los cuales les subyace el supuesto de que, por ejemplo, una persona de la nacionalidad A siempre será diferente de una persona de nacionalidad B. En la práctica, esto no necesariamente es así. Muchos de los términos que se basan en el concepto “cultura” encierran cierta complejidad, pero de todas formas consideramos que es relevante al menos intentar aproximarse a ciertas definiciones para describir, analizar y eventualmente cambiar las realidades que nos rodean.

Interculturalidad

En contraste con el concepto de multiculturalidad y su foco en la co-existencia, el de interculturalidad hace referencia a la convivencia ‒muchas veces con tensiones y conflictos‒, o a una relación, la comunicación y el diálogo entre personas de diferentes etnias, nacionalidades, lenguas o creencias. Para América Latina, consideramos que la definición más adecuada en torno a la interculturalidad la provee el concepto de interculturalidad crítica. Este se refiere al hecho de que en nuestra región históricamente las relaciones sociales se han construido en base a un pensamiento colonialista, que incluye la creencia ‒que evidentemente rechazamos‒ de que los europeos y sus descendientes representan un tipo de ser humano superior a los indígenas, africanos y/o sus descendientes. La interculturalidad crítica, a diferencia de otro enfoque que ha sido denominado “interculturalidad funcional”, pone énfasis en que América Latina necesita una transformación en sus estructuras de pensamiento para avanzar hacia sociedades de mayor justicia social.

Educación intercultural

La educación intercultural es un enfoque educativo que se ha desarrollado en diferentes países, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX. Este tipo de educación surge para atender la creciente diversidad de las sociedades (producida, por ejemplo, por el fenómeno de la migración), o debido a la creciente conciencia de las sociedades de que nunca han sido homogéneas, sino diversas (es lo que ha sucedido, por ejemplo, en varios países de América Latina en relación a los pueblos indígenas). La educación “tradicional”, aquella que en diferentes Estados-nacionales del mundo surgió para crear un sentimiento de homogeneidad y de lealtad a la nación, es cuestionada por la educación intercultural. Esta última pone énfasis en preparar a los alumnos para vivir en un mundo diverso, en que se respeten las diferencias, y a través de un diálogo con los otros que no esté marcado por jerarquizaciones ni discriminaciones.

Racismo

El racismo es un tipo de discriminación que surgió en la era moderna, es decir, en aquella época histórica cuyo comienzo se ha situado entre fines del siglo XV y comienzos del XVI. El origen histórico del uso del concepto de raza para referirse a los seres humanos, a fines del siglo XV, se relaciona con la expulsión de los judíos de la península ibérica por parte de los así llamados “reyes católicos”. Luego, la ideología racista emergió y se profundizó para justificar la esclavitud, es decir, para justificar que ciertos seres humanos fueran secuestrados en su lugar de origen, forzados a migrar a América y obligados a trabajar sin remuneración, sin descanso ni ningún tipo de derechos. Esta utilización de determinados seres humanos como si fueran mercancías no afectó sólo a las personas provenientes de África, sino también a los propios pueblos originarios de América. Este hecho histórico ha influido en que las personas afrodescendientes y aquellas pertenecientes o descendientes de pueblos indígenas hayan ocupado siempre las posiciones más bajas en las jerarquizaciones raciales que se han construido.

El racismo se vincula también con el movimiento de la eugenesia (que significa “buen nacer”), surgido hacia fines del siglo XIX, y que por un tiempo fue concebido como una verdadera ciencia (idea que hoy se encuentra completamente desacreditada). La eugenesia fue vista como la posibilidad de intervenir en los procesos de la reproducción humana, para darle a la naturaleza la dirección deseada por las personas. Después de la Segunda Guerra Mundial el concepto de “raza” utilizado en relación a los seres humanos comenzó a verse cada vez más desacreditado, y en las últimas décadas los avances de la genética han confirmado que no existe nada semejante a las razas entre los seres humanos.

Es importante enfatizar, en definitiva, que el racismo no se basa en ningún tipo de evidencia, sino en pura arbitrariedad surgida del afán de poder, que nunca debió legitimarse como ideología y que su permanencia representa una vulneración de los derechos humanos.

Educación anti-racista

La educación anti-racista es una iniciativa pedagógica orientada a transmitir conocimientos y habilidades para combatir el racismo, la xenofobia y la violencia. El racismo es un fenómeno global, pero se expresa de maneras particulares en diferentes momentos y distintos lugares del mundo. Por ejemplo, y aunque tengan un sustrato común, hay varias diferencias entre el racismo del Apartheid, que fue una política oficial de Sudáfrica durante varias décadas del siglo XX, y el racismo contra los pueblos indígenas en América Latina, que lleva varios siglos de existencia. En virtud de las diferentes maneras en que el racismo se expresa, cualquier iniciativa que quiera apuntar a educar en contra del racismo debe tener en consideración sus manifestaciones particulares en cada sociedad.

Para llevar adelante una educación anti-racista pertinente a la realidad chilena actual es relevante adquirir conocimientos y habilidades al menos en los siguientes temas: la historia de la esclavitud y del colonialismo en América Latina; la historia y la historicidad del racismo; conceptos relevantes como racismo biológico, institucional, cultural y cotidiano; aspectos de la migración a nivel global y latinoamericano; la ley chilena de anti-discriminación, y el rol de la Superintendencia de Educación, encargada de fiscalizar y recibir denuncias por discriminación en el ámbito escolar.El racismo se vincula también con el movimiento de la eugenesia (que significa “buen nacer”), surgido hacia fines del siglo XIX, y que por un tiempo fue concebido como una verdadera ciencia (idea que hoy se encuentra completamente desacreditada). La eugenesia fue vista como la posibilidad de intervenir en los procesos de la reproducción humana, para darle a la naturaleza la dirección deseada por las personas. Después de la Segunda Guerra Mundial el concepto de “raza” utilizado en relación a los seres humanos comenzó a verse cada vez más desacreditado, y en las últimas décadas los avances de la genética han confirmado que no existe nada semejante a las razas entre los seres humanos.

Es importante enfatizar, en definitiva, que el racismo no se basa en ningún tipo de evidencia, sino en pura arbitrariedad surgida del afán de poder, que nunca debió legitimarse como ideología y que su permanencia representa una vulneración de los derechos humanos.

Educación con perspectiva de género

Una educación con perspectiva de género es aquella capaz de visibilizar y desnaturalizar las desigualdades de poder que se han establecido entre las diferentes subjetivaciones de género y sexuales, y procurar la modificación de las prácticas y representaciones ligadas a esa desigualdad a través del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Para ello, es importante entender que ha habido circunstancias históricas que engendraron desigualdades de valor y de poder entre los seres humanos a partir de sus (construidas) diferencias de sexo y género. Esas circunstancias, y las jerarquías que derivan de ellas, son totalmente arbitrarias, y por eso deben ser cuestionadas, en la medida en que son generadoras de desigualdad.

Algunos de los mecanismos a partir de los cuales estas diferencias generan desigualdad son, por ejemplo, la sexualización del cuerpo femenino y su condena moralista; la idea de que hay tareas “naturalmente” femeninas, las reproductivas (limpiar, cocinar, criar, entre otras); los estereotipos que se han construido respecto de las diferentes habilidades intelectuales de hombres y mujeres, o la idea muy común de que la homosexualidad y la transgeneridad son enfermedades, entre otros ejemplos.